Por lo general creemos que catar el vino es algo reservado para enólogos especialistas o para aficionados con una buena experiencia de catas a sus espaldas. Lo cierto es que cualquier persona que disfrute del vino puede aprender a desarrollar sus sentidos para reconocer los distintos matices que ofrece cada variedad. A continuación te dejamos algunas pautas para que sepas como catar el vino de la cesta de Navidad y apreciarlo a un nivel más amplio.

Pautas para aprender a catar el vino

En primer lugar debes saber que el vino es una bebida que se disfruta con todos los sentidos. No solo el paladar interviene en una cata. La vista, el olfato y el gusto, también están implicados en lo que puede ser un viaje sensorial.

Vista

Hay que servir el vino de la botella recién descorchada y sujetar la copa por su base para evitar que se caliente. Luego la inclinaremos en un ángulo de unos 45º para poder contemplar distintos aspectos visuales del vino.

  • Nitidez. Un buen vino se verá limpio y nítido, si existe cualquier turbiedad o brillo, se considerará un pequeño defecto de la bebida.
  • Intensidad. Hace referencia a la cantidad de color de algunos vinos.
  • Color. En los tintos, las tonalidades más comunes son la granate, rojo picota, rubí, púrpura y los colores violáceos. En los rosados, la gama de colores se encuentra entre el rosa salmón el rosa frambuesa y similares. Y en los vinos blancos encontraremos tonos verdosos, amarillos y pardos.
  • Efervescencia. En referencia a las burbujas del vino.
  • Lágrimas. Son las gotas del vino. Observando cómo se deslizan por el cristal, podemos saber si el vino tiene una mayor o menor graduación. Si al mover la copa las lágrimas caen despacio, significa que el vino es más denso y por tanto, con una mayor concentración de alcohol.

Olfato

Lo siguiente es oler el vino sin agitarlo para intentar distinguir los aromas primarios. Los aquellos que provienen de la propia uva y del lugar donde ha sido cultivada. Después, moveremos la copa para que el vino se oxigene y se desprendan los olores secundarios que son los procedentes de la fermentación de la fruta, como el azúcar o las levaduras. Si agitamos la copa con algo más de energía podremos percibir los olores terciarios o el famoso “bouquet”, los más difíciles de reconocer. Provienen del proceso del vino durante su reposo en barricas y depende de la zona, el tipo de madera, el entorno o la temperatura.

Gusto

Llegó el momento de saborear el vino. Para hacerlo correctamente, daremos un pequeño sorbo y en vez de tragarlo directamente, lo moveremos en el interior de la boca para que empape todas las papilas gustativas de la lengua. Un vino perfecto tendrá un equilibrio entre el dulce, el amargo y el ácido. También hemos de valorar la textura, por lo cual también estaremos estimulando el sentido del tacto. El vino puede sentirse granuloso, untuoso, áspero, suave, etc. Después tragaremos o escupiremos el vino y expulsaremos el aire por la nariz para percibir las sensaciones retronasales. Los vinos de gran calidad tienen un final largo, lo que quiere decir que los sabores de la bebida permanecen durante más de un minuto en la boca.

Catar el vino y disfrutarlo con todos los sentidos, está al alcance de todos y con estas indicaciones podrás valorar mejor el vino de tu cesta de Navidad . A medida que vayas probando distintas variedades de vino, te irás haciendo más experto.