En España es bastante común tomar vino con las comidas. También se regalan botellas en ocasiones especiales , como un cumpleaños o por Navidad. Generalmente se toma tanto vino tinto o vino blanco. Pero se tiende a beber uno u otro tipo de vino en función de los alimentos a los que van a acompañar.

Esto, que en un primer momento puede parecer algo extraño, no lo es tanto. En efecto, cada tipo de vino tiene unas propiedades distintas. Gracias a ellas, maridará mejor con unos platos y alimentos que con otros. Pero ¿por qué sucede esto? Y ¿con qué tipo de platos es más recomendable tomar un tipo de vino u otro?

Vino tinto, mejor con los platos de sabores más fuertes

El vino tinto tiene una constitución más rica y sabores más complejos que los de los caldos blancos. Por lo tanto, maridará mejor con los platos más fuertes. Por ejemplo, con las carnes rojas, el cocido o los platos de legumbres. Aunque también combina bien con ciertos pescados y platos más ligeros. Todo depende de su índice de tanino.

En función del mismo, los vinos tintos se pueden considerar como ligeros, que tendrán un índice de tanino menor del 40%, y tintos "con cuerpo", con más de un 40% de índice de tanino.

Este tanino del vino, que le aporta un sabor más duro y cierta aspereza, reacciona con diversos componentes de los alimentos al beberlo. Esto sucede, sobre todo, con los quesos de corteza dura, con la proteína de la carne o con algunas salsas. Por lo tanto, el vino tinto es más apropiado que el blanco para ello.

En general, los tintos ligeros, y los que son muy viejos, cuadran mejor con carnes de animales jóvenes. Por ejemplo, con la ternera o con el cordero lechal. También con aves y ciertos tipos de caza. En cuanto a los más fuertes y robustos, combinan mejor con carnes rojas. Entre ellas el cordero de más edad, el buey, la vaca y las piezas de caza mayor.

Este tipo de vinos no combina demasiado bien con el pescado, salvo en contadas ocasiones. Por ejemplo, con algunos pescados cocinados al horno, como el rodaballo. Tampoco marida bien con los dulces y alimentos muy salados, como las aceitunas.

Vino blanco, con aperitivos, ensaladas, pescados o dulces

En el caso de los vinos blancos, cuentan con un nivel de acidez que hace que corrijan los excesos de sal y azúcar de la comida. Eso sí, su maridaje dependerá el tipo de vino que se trate. Así, en general, los ligeros van bien con los aperitivos. En el caso de tratarse de un vino blanco espumoso, suele acompañar algunos tipos de marisco. Por ejemplo, las almejas y las ostras.

Si el vino blanco es de tipo fino o manzanilla, se suele combinar con embutidos grasos, como el jamón. Pero también con los frutos secos y quesos de cierto nivel de grasa. Si el vino blanco es muy seco, va mejor con mariscos que se han de tomar siempre cocinados. Por ejemplo, con los langostinos y las gamas. Los mejillones admiten blancos más ácidos y con más aroma.

En cuanto a los pescados, el acompañamiento que tradicionalmente se considera perfecto para este tipo de vino, depende también de su variedad y cómo estén cocinados. También de si son más o menos grasos. En este último caso, van mejor los blancos criados en barrica o que cuentan con más años de crianza.

En cuanto a la carne, a pesar de que con la mayoría de piezas funcionan mejor los vinos tintos, también hay algunas que, en función de su preparado, admiten bien un vino blanco. Se trata de las carnes preparadas como relleno o en estofado. Eso sí, han de ser blancos de cierto nivel de acidez y cuerpo.

Para los postres, especialmente para los dulces, siempre ha de tomarse vino blanco. Preferiblemente, dulce.